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¿Cómo era la limpieza o purificación del templo?

¿Cómo era la limpieza o purificación del templo?

¿Cómo era la limpieza o purificación del templo?

 

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¿Cómo era la limpieza o purificación del templo?
Marcos 11:11,15-19; Juan 2:13-22
La Limpieza, el aseo, la pureza y la santidad son de primera y gran importancia; son un imperativo en
la vida porque son indispensables. “Sed pues, vosotros perfectos…” (Mt 5:48); “Sed puros y santos”,
dice Dios. La limpieza es para el cuerpo lo que es la pureza para el alma. De la pureza del cuerpo
recibe siempre la mente, secreto y simpático auxilio.
“¿Quién subirá al monte de Jehová?…el limpio de manos y puro de corazón”
(Salmo 24:3,4). “Quiero, pues, que los hombres oren levantando manos limpias…” (1Ti 2:8).
“En todo tiempo sean blancos tus vestidos” (Ec 9:8).La última semana de la vida de Cristo se
distingue por su entrada triunfal a Jerusalén, pero incluye también la segunda purificación del
Templo. Saquemos provecho de algunas consideraciones sobre este tema. Ocurrió el día después de
la entrada triunfal.
I. La mirada de Jesús en el Templo (Mr 11:11).
A. ¿Qué vio Jesús? “Todas las cosas”. Jesús lo ve y lo conoce todo. Nada se le escapa: ni
pensamientos, ni intenciones, ni actitudes, ni acciones, ni omisiones, etc.
B. ¿Se fijó Jesús en lo que allí vio? Aparentemente él se fue satisfecho, pero vemos su obra
el siguiente día (11:12-17).
C. Entonces vino el castigo. Sí, todo pecado conlleva su castigo: “Tu maldad te…” (Jer
2:19); “Tu pecado te alcanzará…”(Nm 32:23); “Horrenda cosa es caer en las manos…”
(He 10:31); “Dios es fuego consumidor” (Dt 4:24). Se ha dicho que “un pecado oculto es
un escándalo público en el cielo”. Además dice: “Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya
hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2Co 5:10). Muchos piensan
que Dios no se fija ahora en los tratos del negocio, la vida, el trabajo, el hogar, la
sociedad, la apatía, la indolencia, la falta de interés y la irresponsabilidad. Piensan que
Dios no se fija en ciertas libertades y en los pecados y hábitos supuestamente ocultos.
II. Después de aquella mirada escrutadora, regresó y accionó el Señor con toda energía,
limpiando su santuario.
A. Lo estaban profanando y lo habían ensuciado, volviéndolo mercado y cueva de ladrones.
B. ¿Con qué propósito acudimos al santuario? ¿a la casa de Dios? ¿En qué actitud,
disposición y condición de corazón venimos a la casa de adoración? ¿Estamos
irrespetando y profanando el lugar santo? ¿Nos acercan al santuario los nobles y santos
propósitos de adoración, alabanza y oración a Dios? ¿Estos son nuestros fines?
C. El Señor fija su mirada en la actitud, estado y disposición de nuestro corazón.
¿Adoramos, alabamos y servimos al Señor en su santuario efectivamente en espíritu y en
verdad? ¿Se fijará él en una falta de respeto, circunspección y reverencia? ¿Le agrada
nuestra forma de vestir: una forma de vestir que llama más atención a nosotros y hasta
puede distraer a otros de una concentración sincera sólo en Dios. ¿Nuestras intenciones
son puras cuando usamos vestidos cortos, apretados y escotados? ¿No será que nuestra
intención es provocar, mostrando lo que no debemos? En todo tiempo el cristiano debe
reflejar a Cristo delante de un mundo impuro y provocador. La Biblia dice que todo lo
que hagamos sea en el nombre de Cristo y para su gloria. Las modas conformes a la
moral, el pudor, la dignidad, la honestidad, la pureza y el decora agradan a Dios. En esto
la Biblia es clara y terminante. ¡Nuestras vidas no deben llevar las marcas del mundo!
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la
vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus
deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1Jn 2:16,17).
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1Jn 2:15). “Como hijos
obedientes, no os conforméis a los deseos que antes tenías estando en vuestra ignorancia;
sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra
manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1P 1:14-16).
Mejor es preocuparse con el ornato incorruptible e interno (1P 3:1, 4, 5). Tengamos
compostura, respeto, quietud, circunspección y reverencia en el Templo.
III. La purificación del templo de nuestro cuerpo, de nuestra alma y de nuestro espíritu:
A. Somos templo de Dios (2Co 6:14-7:1). “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo
del Espíritu Santo?” (1Co 6:13-20). “En mi corazón he guardado tus dichos para no
pecar contra ti”. Vivimos en un mundo afectado por el pecado; nos rodea y nos
acecha por doquier.
B. Necesariamente tenemos que guardar la Palabra de Dios en nuestro corazón, “para no
pecar”, no contaminarnos, no fallar, no ofender, no desviarnos, ni traspasar. Los
pecados incluyen: las conversaciones impropias, malas amistades y dañinas: “Las
malas compañías corrompen las buenas costumbres”. ¡Cuántos hombres caen porque
hacen caso a sus amigos: Se emborrachan y malgastan el dinero de sus familias!
Muchos pecan por imitar a otros. El padre de muchos males es el pecado del rencor y
a su lado es el pecado de las raíces de amargura, que muchas veces existe en el alma
de mucha gente “devota”. Hay muchos ejemplos del pecado de alarde: “¡Ay de los
que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las
tinieblas luz” (Is 5:18-22). Otro pecado se describe en Deuteronomio 15:9 como el
“pensamiento de Belial”: el pecado de presunción. El saber hacer el bien y no hacerlo
es pecado (Stg 4:17), que es el pecado de omisión, la apatía y la pereza.
C. La mejor lealtad a Dios, “para no pecar contra ti” es la fidelidad y el servicio. Son
virtudes que embellecen al alma y ennoblecen el corazón. El cristiano leal a Dios y a
su Palabra siempre tiene un cuerpo, un alma y un espíritu limpios y tranquilos y está
dispuesto a ser útil. El mejor preservativo: “Tus dichos”: La palabra. El que es una
nueva criatura depende de la obra de Dios en su vida. Pablo insta a Timoteo a ser
ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1Ti
4:12). La Palabra limpia nuestro camino (Sal 119:9) y dirige nuestra conducta (Sal
119:105).
D. Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta. Estamos edificando el templo
de nuestro carácter. ¿Con qué materiales? La conducta es el espejo en el que cada
cual muestra de cuerpo entero su imagen. Digámosle al Señor: Limpia el templo de
mi vida, de mi hogar y de mi iglesia. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón,
pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y
guíame en el camino eterno” (Sal 139:23,24). Así Dios irá limpiando todo nuestro ser
(cuerpo, alma y espíritu) para que reflejemos constantemente, en todo lugar, la
belleza de Cristo, y que atraigamos hacia él a otros muchos que desean estar limpios
también. “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis
de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra
manera de vivir entre los gentiles; para que los que murmullan de
vosotros…glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas
obras” (1P 2:11,12).
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