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¿Cómo dar muerte al dragón de celo ministerial?

 ABRIR RECURSO

I. LOS SÍNTOMAS DEL CELO MINISTERIAL
El celo ministerial es una lucha para todo siervo de Dios. No
quedaremos libres de este mal hasta que, estando con Jesús, veamos el
resplandor glorioso de él y reconozcamos la pobreza y la bajeza de lo
mejor de nuestros logros. En aquel día el celo ministerial aparecerá tal
como es: un juego para niños y necios que sólo sirve para dañar la vida
de los que participan en él.
¿Cuáles son los síntomas del celo ministerial?
Hacia otros líderes . . .
• Nos encontramos señalando cada vez más los errores y los defectos
de otros líderes y sus ministerios.
• Nos gusta escuchar comentarios negativos acerca del otro líder o
su ministerio.
• No nos gusta escuchar comentarios positivos acerca del otro líder o
su ministerio.
• Vemos a otros siervos como personas con quienes competimos
para medir la calidad de nuestro ministerio (en lugar de verlos
como amigos y consiervos que tienen las mismas luchas que
nosotros).
• No oramos por los consiervos y el avance de sus ministerios.
• Guardamos el deseo secreto de que no tengan mucho éxito en su
ministerio.
Hacia nosotros mismo . . .
• Al observar los frutos del ministerio de otros, nos sentimos
inferiores: “¿Señor, por qué no me usas a mí como usas al siervo
X.” “¿Qué tiene él o ella que no tengo yo?”
• Vivimos bajo la sombra de una introspección malsana que
cuestiona nuestras capacidades ministeriales y nuestro llamado.• Aun las observaciones pequeñas o las críticas leves nos molestan
ya que no nos sentimos seguros de nosotros mismos.
II. EL PECADO DEL CELO MINISTERIAL
La batalla contra el celo ministerial comienza con el reconocimiento del
por qué es un pecado de gran ofensa contra Dios.
A. El celo ministerial revela que nos amamos a nosotros mismos más
de lo que amamos a Dios.
Revela que estamos pensando sólo en el éxito de nuestro “reinito” y
no en el avance del reino de Dios. No hemos entendido que el
fracaso de cualquier ministro o ministerio es una derrota para el
cuerpo de Cristo que entristece el corazón de Dios.
B. El celo ministerial revela que nos amamos a nosotros mismos más
de lo que amamos a nuestro hermano.
Sí, deseamos el éxito para nosotros mismos, pero no lo deseamos
para nuestro compañero de milicia en la causa de Cristo. Así que
desobedecemos el gran mandamiento de Cristo de que “os améis
unos a otros como yo os he amado” ya que el amor ágape busca el
bienestar del otro aún a costa personal.
C. El celo ministerial revela que no nos amamos a nosotros mismos
como debemos amarnos.
El celo ministerial es una muestra innegable de que no nos
aceptamos a nosotros mismos como debemos ni aceptamos el
ministerio que Dios nos ha asignado (Salmo 16:5-6).
Cuando dejamos que el celo ministerial nos consuma, estamos
declarando: “Padre Celestial, no has sido bueno conmigo. Tu
voluntad para mi vida y tu llamado no me agradan”.
III. CÓMO DARLE MUERTE EL DRAGÓN DEL CELO MINISTERIAL
A. Reconocer que el celo ministerial es una lucha para todo
siervo de Dios.
B. Reconocer la gravedad del celo ministerial como ofensa contra
Dios, contra su reino, contra nuestros consiervos y contra
nosotros mismos.C. Cultivar la costumbre de orar por los consiervos.
D. Cultivar la costumbre de hablar bien de los consiervos y
apreciar con sinceridad sus buenas cualidades y logros
ministeriales.
E. Buscar formas prácticas de servir con alegría a otros
consiervos.
F. Confesar el pecado del celo ministerial tantas veces como sean
necesarias, así dejando que el Espíritu Santo haga cambios en
lo más profundo de nuestro ser.
G. Usar el desánimo que nace en el celo ministerial para buscar el
amor profundo de Dios y su liderazgo perfecto para nuestra
vida.
H. Practicar la ministración e intercesión mutua entre líderes en
un espíritu de amor y respeto.
I. Cultivar una mentalidad de “abundancia” y no la de
“escasez”1.
El líder que está de alto riesgo es aquel que niega o no reconoce la
tentación de celo ministerial y el poder destructor de él.
ObreroFiel.com – Se permite reproducir este material siempre y cuando no se venda.
1 Stephen Covey, The Seven Habits of Highly Effective People, (New York, NY: Simon y Schuster, 1989):
219-220

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