Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía.  Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos,  y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues El sabía lo que había en el hombre. Mensaje de John Piper, basada en Juan 2:23-25. Por John Piper. © Desiring God. Página web: desiringGod.org.

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