Nuestros hogares evangélicos sufren de una marcada anemia espiritual. Esta situación nos obliga a reflexionar sobre la importancia de la preparación de la pareja a todo nivel para que el nuevo hogar sea exitoso a los ojos de Dios y de los hombres. El tiempo que el pastor o consejero invierta con el futuro matrimonio será altamente beneficioso para toda la familia. Además, a través de esa «siembra» el pastor obtendrá frutos para el bien de su congregación, ya que al «pastorear» a la pareja estará fortaleciendo y nutriendo a su iglesia.

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