Cuando creemos en el Señor y somos salvos venimos a tener dos tipos de relaciones: una relación vertical con el Padre, que ha sido restaurada a través de Jesucristo y que se perfecciona de día en día; y otra horizontal, que se empieza a desarrollar con los creyentes. Estas relaciones son diseñadas por Dios para traer gloria a su nombre y gozo a nuestra vida. Sin embargo, ambas relaciones son imperfectas, nadie puede decir lo contrario, y si lo hiciera –ahí estaría la imperfección.

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