En una visita al cementerio, alguien pidió a Rubén “orar por el difunto” quien era el padre de uno de los acompañantes.  Aunque muchos creen que nuestras oraciones puedan ayudar a los muertos alcanzar el cielo, Rubén, siendo cristiano, sabía que orar por el difunto sería en vano porque su destino estaba trazado en el momento de su muerte.

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