Uno de los errores más grandes que cometemos los seres humanos, cuando alguien pierde un ser querido es pedirles o decirles que: "no lloren", "que está descansando", "que se resígnese", "que se conforme". En realidad los dolientes no necesitan otra cosa más que sentir el apoyo, el ánimo de los hermanos de la iglesia, de los amigos y de la familia. Cuando hay tristeza por la pérdida de un ser querido, especialmente los cristianos, los hijos de Dios, sabemos que Dios da la vida, y sabemos que El la toma, cuando El quiere. A la vez, sabemos que Dios nos creo con sentimientos, con emociones, y la tristeza es parte de esa creación. Por lo tanto, el ser humano está hecho para sentir, para dolerse, para entristecerse, para llorar, que es parte importante del dolor por perdida.

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