Los conflictos vienen, los conflictos van. Muchos se dan porque las personas emocionalmente inestables parecen ser espiritualmente saludables. En muchas ocasiones, hasta los líderes que parecen espiritualmente saludables tienen sus propios conflictos. Es evidente que los conflictos que se manifiestan en la iglesia reflejan aquello que perturba a las personas involucradas en ellos. Los conflictos mantienen a las personas en prisiones emocionales. ¿Se pueden evitar? ¿Puede sacarse ventaja de ellos? ¿Cómo salir de ellos? ¿Cómo manejar los conflictos internos de la congregación? En cantidad de circunstancias se quedan enredados y cuesta sacarlos. Pero, realmente, ¿ayudan a la congregación?

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