La Biblia nos enseña a llamar a Dios “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Nosotros que hemos sido redimidos por Jesucristo, somos hijos de Dios (Gálatas 4:1-7).  Estas dos afirmaciones bíblicas están entre muchas en las que la Biblia emplea una analogía entre la familia humana y la iglesia. Por medio de esta analogía familiar, Dios nos hace algunas de Sus más preciosas promesas respecto a la presencia de Su amor, nuestra herencia futura, y nuestra comunión íntima con él (por ejemplo, Romanos 8:12-17; Hebreos 12:5-11; Apocalipsis 21:7). [divider]

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